| EL OVEJERO
Canción.
Al tranco por las picadas,
vestidos de gris y negro,
guardianes de una majada
que no conoce a su dueño.
Van desvelando la tierra
los ojos del ovejero,
con esa mirada mansa,
herida de cielo abierto.
Vaya a saber en qué leguas,
en qué puñal de los vientos,
templó su macho coraje
para aguantar los arreos.
Qué nieve le puso el blanco
orgullo de su pañuelo
y qué palabra desata
el nudo de su silencio.
Solo por la travesía
en el arisco sendero,
la mano se vuelve lonja
al filo de los inviernos
y la furiosa ventisca
se mete hasta por los huesos.
Su boca no dice nada,
pero lo dice su pecho.
Arrieros del Sur que dejan
su vida por los desiertos,
se van llevando en la huella
lo mismo que ayer trajeron:
un silbo, la sombra lenta
y los humildes aperos.
El grito queda en la seca
distancia de los recuerdos.
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