Versos y Canciones
 OTRAS INMIGRACIONES


Llegaron después
otras inmigraciones.
De España, de Italia, de Portugal,
toda Europa esparcía sus hijos
por el Sur americano.

El trabajo se acompañaba
con idiomas diversos,
con herméticos dialectos,
y la memoria
regresando con música al origen,
en la ronda entrañable
de las antiguas canciones regionales.

Aquellas voces,
lejanas y distintas,
se juntaron en un solo sonido.
Ese idioma en común
que hablan los campesinos con sus manos
a la hora de trabajar la tierra.

Después de largos días,
con el oficio firme de los brazos,
de Luna en Luna,
la vida iba subiendo
hacia un destino nuevo
de sueños,
de hijos
y de panes.

El corazón labriego,
hizo crecer en el paisaje
una dulce epopeya
que la historia recuerda.
Una gesta que hoy sigue todavía
en los brazos de sus hijos sureños.
Floreciendo la piel arisca de las pampas,
las orillas de la costa,
el valle de los ríos
y el bosque de la precordillera.

En las márgenes del río Negro,
del Colorado
y  del Chubut,
hoy se yergue, con flores y con frutos,
el arduo trabajo
de las encallecidas manos.

Bienaventurados sembradores,
porque aquellos sueños
que soñaron,
ahora son ciudades y pueblos.

Si los hombres aprenden
que la tierra es el pan,
que no ha nacido para ser
una ambiciosa ocasión de compraventa,
tal vez,
en la historia que venga,
se haga más pura todavía
la memoria empapada de sudor,
que nos dejaron
los viejos labradores,
como un testamento de Sol
y de semillas.

 

 

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Horacio Peñalva

Foto: Andrés F. Maritano

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